Pero esos rugientes acordeones se inmiscuyeron en mi resoplar, cuando una tarde de verano escuchaba los pájaros trinar al son de un deseo imposible y la armonía principal cumplió lo que mis piernas anhelaban.
Vestir el cuerpo de una mujer de puerto, me hizo escuchar por primera vez esos sones y esos tiritones que en mi, repercutieron con el zapateo y el canturreo.
Nunca más estaba vetado para mi, el bailar con el bombo que cambiaba la razón en emoción y la nostalgia en diferencia.
A menudo bostezo en las fiestas, pero si de una velada de cuecas se trata, mi reloj sale de vacaciones y ahí me inmiscuyo, entre los acordes de la historia que construye la real identidad de un país, en los extramuros agujereados del mismo.
1 comentario:
Mi fin de semana reciente fue tan perfecto.
Eso. Más que perfecto.
No tuve sueño y cuando lo tuve, estabas tú.
¿Tu mamá es pastelera?
R+
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