jueves, 3 de julio de 2008

Cuecas

Hace unos ocho años que volví a entender la Cueca. Antes era sólo una actividad que en la clase de educación física nos hacían aprender como con un sopapo. Claro, cómo no iba a ser algo tan rígido como una bandera o un escudo, si era casi lo único que ofrecían las fiestas tristes que hasta hace algunos años exaltaban un poco el ánimo de los humanos chilenos que sobrevivían en estas tierras.
Pero esos rugientes acordeones se inmiscuyeron en mi resoplar, cuando una tarde de verano escuchaba los pájaros trinar al son de un deseo imposible y la armonía principal cumplió lo que mis piernas anhelaban.
Vestir el cuerpo de una mujer de puerto, me hizo escuchar por primera vez esos sones y esos tiritones que en mi, repercutieron con el zapateo y el canturreo.
Nunca más estaba vetado para mi, el bailar con el bombo que cambiaba la razón en emoción y la nostalgia en diferencia.
A menudo bostezo en las fiestas, pero si de una velada de cuecas se trata, mi reloj sale de vacaciones y ahí me inmiscuyo, entre los acordes de la historia que construye la real identidad de un país, en los extramuros agujereados del mismo.

1 comentario:

Antonio Hupe dijo...

Mi fin de semana reciente fue tan perfecto.
Eso. Más que perfecto.
No tuve sueño y cuando lo tuve, estabas tú.

¿Tu mamá es pastelera?

R+